¡Que se joda la culpa!, Todo lo rico no se trata de una apología al exceso, sino una celebración del placer sucio y diverso.
Sean todos bienvenidxs.

¡Que se joda la culpa!, Todo lo rico no se trata de una apología al exceso, sino una celebración del placer sucio y diverso.
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Oda a la tristeza

  Tristeza Hace poco mientras leía el libro de mi amigo Manuel Carreño, “Por culpa de los Ramones”, una narración personal y casi que autobiográfica que repasa sus encuentros con la música, descubrí una de sus definiciones más bonitas, dura pero real: la de la nostalgia. Manuel dice que, palabras más palabras menos, la nostalgia es ese sentimiento de tristeza por aquellas cosas, momentos o personas que ya no volverán, y no puedo estar más de acuerdo. La nostalgia es un sentimiento peligroso. Para muchos, todo tiempo pasado fue mejor y viven de la nostalgia, anclados en ella mientras el presente pasa, y así les funciona la vida, la disfrutan. Para otros, la nostalgia es un sentimiento negativo, que no deja avanzar, que nos estanca y que desconoce los beneficios de lo novedoso, de lo desconocido, de lo nuevo. Pero no voy a hablar de la nostalgia (tal vez después, porque me gusta pero a la vez la detesto), voy a hablar de la tristeza, de la tristeza como sentimiento necesario, inevitable, cotidiano, mordaz y esperanzador.Yo creo que no hay días en los que no sienta tristeza, así sea en un nivel muy mínimo. Y sobre todo pasa cuando recuerdo, es decir, cuando evoco la nostalgia. Recuerdo mi niñez con algo de tristeza, pero no porque la haya pasado mal, al contrario, la pasé tan bien que la extraño y por eso, tal vez, me sienta triste.  Recuerdo la vida que se fue, en donde fui feliz, y me siento triste. Y lo entiendo, lo acepto, comprendo que así son las cosas y que la vida hoy es diferente, ni mejor ni peor, solo diferente, pero cuando pienso en eso, me dan ganas de llorar. No, no es todo el tiempo ni con todos los recuerdos, pero sí con unos muy marcados, como la separación de mis papás (hace poco, muy poco). La vida hoy no es mala, y tampoco me quejo. A pesar de todo lo que pasa allá afuera (y aquí adentro), soy afortunado. Soy feliz, a veces. Pero no lo podría ser si no me sintiera triste. La tristeza es un sentimiento necesario pues nos pone en lugares vulnerables en donde reconocemos quiénes somos en realidad. Puede sacar desde nuestros más profundos demonios hasta las emociones más puras, reales, transparentes y honestas.

Estar triste: no todo es malo

Tocar fondo cuando se está triste es tener la posibilidad de volver a flote, de salir de nuevo, de “renacer”, así el término esté bien manoseado. Pero no nos detengamos en el tiempo porque es un factor del cual no tendremos control. Las tristezas pasajeras (tal vez) son más gestionables que las más perdurables, esas que van carcomiendo el alma, y de las cuales parece no haber salida. Hablemos del sentimiento más no del tiempo que este dura en nosotros… Generalmente (y me ha pasado), una gran tristeza, profunda y dolorosa, es la que me ha hecho tocar fondo, y cuando digo tocar fondo me refiero desde pintarme el pelo de 6 colores hasta tener comportamientos autodestructivos. En otras ocasiones, más tranquilas, las tristezas fugaces me han hecho replantearme cosas, me han hecho moverme y aunque me han herido, he sanado rápido. En cualquiera de los casos he podido gestionar las emociones (afortunadamente). Cuando no es la terapia, son los amigxs (que también son terapia). Cuando no es el trabajo, es la familia. Cuando no es el rompimiento de la rutina, es la música. Siempre, de lo micro a lo macro, hay salvavidas o cuerdas de las cuales nos agarramos para subir a la superficie. Y no les voy a negar, estar en la oscuridad a veces es bien seductor, es un lugar tenebroso al cual nos podemos adaptar rápido, y donde tal vez podamos sentirnos agusto, pero no es un buen lugar para estar siempre, hay que salir, no es real. Hay algo que tengo muy claro y es que la tristeza es pasajera, es transitoria, por más de que estemos ahí un buen rato, años inclusive, en algún momento nos va a dejar o nosotros a ella, pero ya no estará. Pero eso sí, volverá, nos encontrará, puede que en el mejor momento pues su función es esa, decirnos que no todo puede estar inclinado a un lado de la balanza y que debemos saber pararnos al otro lado. Una tusa, una ruptura familiar, una añoranza de lo que ya fue, un quiebre profesional, una meta incumplida, un periodo de incertidumbre (pandémico), un duelo, un cambio de planes o de vida, o simplemente un bajonazo químico… Hay muchas cosas que nos causan tristeza, cosas que irán y vendrán, unas más fuertes que otras, pero al final, todas hacen parte de esto, de vivir, y jamás nada será tan grave para dejar de hacerlo porque uno, somos seres microscópicos; y dos, todo viene y todo va. Le agradezco a la tristeza, no por llevarme a la oscuridad, sino por mostrarme la luz desde lejos. Y me cansé de luchar contra ella porque entendí que hace parte de mí. Seguramente volverá y aquí estaré para ella, más viejo, más tranquilo, más vulnerable, pero sobre todo, más real.

Juntas pero no revueltas: tres diferencias entre la alegría y la felicidad

felicidad_portada La alegría es una emoción tan auténtica que tiene su propio himno. (Suena de fondo “Escucha hermano la canción de la alegría, el canto alegre del que espera un nuevo día”) La sonrisa se nos amplía cuando estamos alegres, el corazón late más fuerte y sentimos que no hay nada que pueda salir mal.  Las sensaciones vinculadas a la alegría habitan todo nuestro cuerpo. Un grupo de investigadores finlandeses creó un mapa corporal que muestra en qué partes del cuerpo se canalizan las emociones. Luego de estudiar a más de 700 personas se comprobó que esta emoción nos habita de pies a cabeza.  Pero un momento, ¿la felicidad está vinculada a la alegría? ¿Qué es primero la alegría o la felicidad? Ni lo uno ni lo otro. Aunque parecen lo mismo, estas dos palabras tienen diferencias sustanciales.  Estas son tres formas de entender la diferencia entre alegría y felicidad: 

Emoción no es lo mismo que sentimiento y viceversa 

Una de las primeras diferencias entre alegría y emoción es que pertenecen a categorías diferentes. La alegría es una emoción, es decir una reacción del cerebro ante un estímulo.  No importa si ese incentivo es interno o externo, el punto con las emociones es que son estados transitorios, pasajeros. Piensen que se vuelven a encontrar con esx amigx que llevaban tiempo sin ver, la dicha que sienten al abrazarlx es pasajera, luego vendrá el chisme o la nostalgia por contar que terminaron con sus ex.  Por otro lado, la felicidad hace parte de los sentimientos, que corresponden a estados emocionales con un efecto permanente y más estable. Algunos psicólogos aseguran que los sentimientos son más racionales y se les da mucha más importancia en la vida.  Por ejemplo, eres feliz cuando te detienes a recordar la familia que tienes, cuando agradeces porque estás en tu trabajo ideal o incluso cuando llevas varias sesiones de terapia y te cumples a ti mismx con ese objetivo. 

Una dura más y la otra menos

Ya lo mencionamos antes: las emociones son pasajeras y los sentimientos son más prolongados: la duración hace la diferencia.  La alegría son como ráfagas cortas, esa montaña rusa que sube y baja, es súbita y no se prolonga. Aunque las personas alegres sonríen y se ríen constantemente, algunos estudios han encontrado que esta forma de expresar su emoción suele relacionarse con infelicidad: las máscaras también tienen forma de sonrisa.  La felicidad es permanente, dura más tiempo y aunque se presenten malos ratos o situaciones tristes, lxs personas mantienen sensaciones de plenitud y estabilidad. La felicidad hace que te sientas agradecidx por la vida que tienes, estás conectadx contigx mismx. No importa si “muestras muela” o no, la felicidad no depende de una carita feliz. 

Felicidad y alegría se expresan diferente 

Ya tenemos claro que no todo lo que brilla es oro, así como no todas las sonrisas son sinónimo de felicidad. La forma de expresar la felicidad y la alegría es tan variada como la vida misma.  Por un lado, la alegría es espontánea. Gritas, saltas y mueves las manos para festejar, te ríes y luego bajas la voz. Después de sentir esta emoción sigues tu vida cotidiana y las expresiones corporales cambian.  En cambio las personas felices no siempre están saltando de una pata. Se cree que la felicidad se expresa con seguridad, mostrando actitudes positivas y de calma, mirando al frente cuando te saludan y brindando sonrisas francas.  Si bien la felicidad y la alegría son diferentes hay que pasar por la emoción para llegar al sentimiento. Explora tus sentires sin tapujos, no dejes que la toxicidad te absorba y abre los brazos para que lleguen días felices. Entrégate a la belleza de la vida. 

¿Por qué la Generación Z no quiere durar 30 años en un mismo trabajo?

Por: Marcela Rojas – @MarcelaRojasCoach En la actualidad estamos expuestos a muchos estímulos que hacen parte de un esquema social donde se busca la felicidad en experiencias efímeras. El modelo tradicional de empleo donde una persona permanecía en un cargo por varios años haciendo lo mismo, parece ser una tortura para una generación que le encanta aprender nuevas cosas y que cada vez le da más prioridad a su calidad de vida. De acuerdo a una encuesta de Deloitte Global casi 15.000 jóvenes de la Generación Z, nacidos en los años 1995-2003 y Millennials entre 1980 y 1994, priorizan un balance entre trabajo y vida personal al momento de elegir un empleo. Por eso está siendo cada vez más retador para las empresas mantener una baja rotación. Ya que los jóvenes de esta generación, a diferencia de las anteriores, no se quedan mucho tiempo en trabajos que no los satisfacen.  Esto está llevando a las compañías a generar estrategias de marca empleadora, fidelización y bienestar corporativo, con el objetivo de convertirse en lugares interesantes para las nuevas generaciones de trabajadores.  Las empresas de alto desempeño que quieran conservar y reclutar a los mejores talentos, deben apuntar a estrategias que propicien un balance entre calidad de vida y retos profesionales:   Bienestar laboral
  • Generar estímulos como ayudas económicas para estudios, capacitaciones, mentoring y plan carrera, para que el que quiera crecer pueda proyectarse.
  • Capacitar a sus directivos, gerentes y jefes en auto liderazgo y la gestión adecuada de los colaboradores que constantemente buscan retos y aprendizajes.
  Calidad de vida
  • Crear culturas corporativas donde se respete el tiempo y se aprovechen los talentos de los colaboradores. Evaluando cargas laborales, incentivando el talento, la autonomía y la confianza.
  • Equipos de recursos humanos orientados a fomentar estrategias de bienestar laboral para los colaboradores. 
  Convertir en divertido lo aburrido Los empleos operativos o con un bajo nivel de responsabilidad son los que más se ven impactados con esta nueva forma de pensar, ya que esta generación está en búsqueda de estímulos constantes que en un trabajo como estos se pueden perder. El punto crítico de esta situación coyuntural es que se está creando una brecha de empleabilidad, donde los jóvenes se quejan por falta de oportunidades, pero cuando por fin las consiguen, empieza la intensidad de la rotación que deja un desgaste de dinero y tiempo en entrenamiento para las empresas contratantes, y una constante frustración en los jóvenes. Hay que crear un equilibrio donde las empresas ofrezcan condiciones favorables a esta nueva generación de exploradores, pero también revisarse internamente para que esas ganas interminables de experimentar nuevas cosas no traigan inestabilidad e insatisfacción laboral.  La idea no es dejar de buscar la felicidad en el trabajo, sino encontrar herramientas sanas para poderla disfrutar y reconocer cuando se tenga, pues muchas veces estas ganas de cambio constante obedecen a la necesidad de cumplir expectativas erróneas. Es por esto que les quiero compartir 3 herramientas que les pueden ayudar a “conquistar” la felicidad laboral. Un gran logro si tenemos en cuenta que pasamos una parte importante de nuestras vidas trabajando.
  • Descubrir lo que les motiva
Para mí lo primero es empezar con buenas bases en el mundo laboral, preguntándose  antes de escoger una profesión o un oficio qué es lo que realmente les motiva.  ¿Dinero? ¿Encajar socialmente? ¿Hacer feliz a alguien? Si la motivación viene de alguno de estos tres factores sin tener un valor superior como eje fundamental, como el servicio y un gusto genuino por lo que vas a hacer, empieza la sensación de vacío que se alimenta cada día con la información sin contexto que se consume en redes sociales, de personas que hacen cosas aparentemente fáciles y les va muy bien. Empiezan las comparaciones y como no se tiene eso que otros tienen, vienen los cambios de trabajo que buscan esa anhelada felicidad, todo esto sin haber realizado una revisión interna que permita entender que posiblemente el problema no radica en los trabajos, sino en que los valores que les motivan no tienen un fin superior. Por ejemplo, un mesero se siente monótono y aburrido, si la única motivación es solo el dinero. En esa vibración la persona no ve que hay una inmensa oportunidad de sentirse pleno conociendo nuevas personas cada día, alegrándole el día a alguien con un saludo sonriente, aprendiendo de gastronomía, probando los platos de la carta y compartiendo sus nuevos conocimientos con los comensales (aunque suene muy optimista todo). Los meseros buenos son una joya, esos que se ganan la propina más generosa por sus acciones, los que saludan con una sonrisa y toman atenta nota para traer bien la orden. Aquellos que aportan valor con la calidad de su trabajo y vibran con la energía del servicio, lo hacen porque tienen una motivación superior al dinero para realizar su trabajo, pues no se trata solo de llenar sus bolsillos de propinas, sino de  valorar  y convertir en sueldo emocional las sonrisas y los gestos de agradecimiento de sus clientes (eso, acompañado de un pago y trato justo, digno y legal, por supuesto).   Metas duras a corto plazo Muchas veces las personas terminan haciendo algo que no les gusta mucho, ya sea porque no consiguen empleo en lo que quisieran, o porque el contexto así lo dictamina, y es ahí donde una herramienta importante es usar la gratitud como valor fundamental de automotivación  para desempeñar el trabajo con gusto, por más difícil o conformista que parezca. Si se tiene un trabajo temporal para pagar la educación, hay que pensar que gracias a este se obtienen los medios para estudiar y conseguir algo mejor en un futuro. Les aseguro que viéndolo con esos ojos, el trabajo ya no será más una cárcel, sino un medio para cumplir los sueños, porque efectivamente la idea no será quedarse ahí un largo tiempo. Si el trabajo sirve para suplir gastos y ayudar a la familia, hay que pensar que a través de este se puede tener una vida digna, darse gustos y hasta ayudar a los seres queridos. Si se ve de esta forma habrá una motivación superior, que permitirá dar lo mejor de sí en el trabajo (ojo, no se trata de conformarse o resignarse para siempre, se trata de fijarse metas temporales para salir adelante). Será una oportunidad para estrechar lazos con compañeros de trabajo, conocer acerca de la historia de la empresa, generar ideas de mejora, y hacer más de lo que se espera de nosotros, en lugar de pasar el tiempo pensando en que el trabajo es aburrido.   ¡No eres tú, soy yo! Si la rotación es constante, tal vez la responsabilidad no sea de los jefes, los compañeros, la carga laboral, la falta de retos o una remuneración inconsistente con los conocimientos , sino de aquel que cambia . Realicen esta autoevaluación:  
  • ¿Como están tus niveles de aceptación de la diferencia de pensamiento?
Tal vez el cambio debe venir de ustedes primero. Para triunfar en el mundo laboral y sentirse pleno en el trabajo, es necesario entender que nos vamos encontrar con muchas formas de pensar y de hacer las cosas, por lo que se hace necesario aprender a ser estratégicos en el trato con las personas para tener relaciones interpersonales, basadas en el respeto y la colaboración. Por eso es importante partir de esta premisa, “si quieres que el mundo cambie, empieza por ti”, acepta la diferencia.  
  • ¿Cuáles son las emociones que les gobiernan la mayor parte del tiempo? 
Si viven con la sensación de que el mundo es un lugar injusto, sienten que las personas les ofenden todo el tiempo y prefieren no interactuar con otros para no sufrir, busquen herramientas como el coaching, libros y conferencias inspiradoras que les lleven la autoconfianza, así nunca más se tomarán personal ni el más duro de los agravios, porque habrán fortalecido su autoestima profesional.  
  • ¿Qué tanto están haciendo para resaltar su trabajo? 
  Si se mueven constantemente porque no se dan reconocimiento o una remuneración adecuada pregúntense: ¿Qué estoy haciendo para lograrlo?,  recuerden que hay que trabajar en hacer un Networking de calidad, mantenerse actualizado y dar lo mejor de sí. Tal vez pueda estar tambaleando alguno de esos factores, sobre todo si esto se ha convertido en el patrón repetitivo que ha motivado sus renuncias. Para finalizar les recuerdo que la felicidad es una decisión (la mayoría de las veces), hagan que no dependa de lo externo, y que sólo dependa de ustedes y de la calidad de sus pensamientos, porque es ahí donde realmente tienen el poder de cambiarlo todo. ¿Cuál es su posición frente al trabajo? ¿Son felices en los suyos? ¡Les leemos!  

¿Por qué satanizamos ir a terapia?

Por: María Espinoza (Psicóloga con enfoque Clínico de género y diversidad, experta en TCA) La mayoría de personas en algún momento de la vida nos hemos enfrentado a la idea de ir a terapia, de buscar ayuda psicológica y preocuparnos por nuestra salud mental. Justo después llega el primer sentir alrededor de esa idea, EL MIEDO. Entonces ¿por qué satanizamos la terapia? Podría existir una respuesta a esto: desconocimiento Según el último estudio encontrado en la Estadística de Salud mental en Colombia- pandemia 2021 realizado por ASCOFAPSI (Asociación Colombiana de Facultades de Psicología): “Frente a la actividad de haber buscado ayuda de un profesional (psicólogo o terapeuta) en el mes de junio de 2021 se encontró que el 0,9% de los encuestados reportó haberlo hecho, de los cuales el 1,0% son mujeres y 0,7% son hombres […]”. Se evidencia que el porcentaje de búsqueda de ayuda profesional es significativamente bajo, reconociendo a las mujeres como la población que más busca este tipo de ayuda, lo cual se refuerza con la información también encontrada en la estadística:  “Con respecto al suicidio y de acuerdo con las Estadísticas Vitales son los hombres quienes más cometen este tipo de actos, por ejemplo, en el primer trimestre de 2021 presentaron tasas de suicidio 2,3  mientras que las tasas de las mujeres fueron 0,5 de suicidio”. Esta información nos abre una puerta bastante importante: la terapia aún es tabú, un tabú que cobra vidas y bajo el cual las personas aún sienten distintos miedos.  Mitos y Miedos frente a la terapia.  – “Tengo miedo de que mi privacidad quede expuesta.” – “¿Y si me juzga?” – “Me van a diagnosticar.” – “Es hablar con un extraño.” – “¿Y si dura de por vida?”- “Solo las personas con trastornos mentales deben ir al psicólogo.” Estas frases entre otras son las más conocidas y escuchadas alrededor de la idea de asumir un proceso terapéutico, por lo que se hace necesario resaltar que un psicólogo/a es un profesional en salud mental, que tiene las herramientas teóricas y experienciales para abordar y acompañar los procesos de terapia, por lo tanto y frente a la ética profesional ningún psicólogo/a, terapeuta o psiquiatra tiene el por qué revelar la información adquirida en las sesiones, es información personal y delicada, si esto sucede sin el consentimiento del consultante hay una falla en la ética profesional que puede llevar a procesos legales.  Por su parte el miedo de hablar con un extraño, de ser juzgado, de ser diagnosticado, generalmente surgen del desconocimiento o de las malas experiencias terapéuticas, y no vamos a negar, que lastimosamente uno de los factores que más influyen en la idea de ir al psicólogo es haber tenido una mala experiencia pasada, todos merecemos sentirnos seguros en terapia, sí, el sentir principal dentro de cualquier proceso terapéutico es ese, SEGURIDAD. La terapia es un proceso de salud mental en el que el profesional evaluará, dará herramientas e intervendrá la situación personal que requiera dicho acompañamiento, es decir, no es un requisito tener un trastorno para ir a terapia, ni tiene que durar toda la vida, somos seres humanos, las emociones son bastantes complejas, y a veces necesitamos una voz externa que nos acompañe en el camino.  Entonces ¿cómo elegir un buen terapeuta?  A la hora de elegir un psicólogo/a las recomendaciones y el voz a voz son importantes, el que alguien que conozco haya tenido una buena experiencia terapéutica abre la puerta a establecer contacto y dar el primer paso, pero… ¿Solo debo fijarme en eso? La respuesta es clara: NO. Te daremos algunos pasos a seguir para que la decisión sea la adecuada.  Primer Paso, Acreditación: Asegúrate de que el profesional tenga título certificado, tarjeta profesional y ninguna sanción legal, puedes averiguar con su nombre, cédula o número de tarjeta profesional en el Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud (RETHUS). Segundo Paso, Experiencia: no es lo mismo un psicólogo/a con experiencia en niños y adolescentes, que unx con enfoque de género y diversidad, o unx que trabaje problemas de aprendizaje. Dependiendo de tus necesidades debes buscar cierta experiencia o que el psicólogo te asegure que puede abordar dicha temática.  Tercer Paso, Intervención: En la primera sesión el profesional debe explicar su forma de intervenir, proceso de evaluación, plan a seguir, duración aproximada, costos, compromisos y objetivos, la terapia jamás es un hablar por hablar.  Con estos tres pasos podemos ir con más certeza de que estamos siendo responsables con nosotrxs mismxs y que el proceso terapéutico puede iniciar por buen camino. ¡CONFÍA!  Por último, si ya estás en terapia, evaluar el progreso de la misma es muy necesario. Aquí te dejamos algunas red flags de terapia. 
  • “Me siento regañado y/o castigado”. La terapia tiene procesos de confrontación, validación de emociones o gestión de situaciones, pero en ninguna de estas técnicas de acompañamiento el profesional puede regañar o castigar. 
  • “Debo planear que sí contarle y que no contarle a mi psicólogo antes de ir a la sesión”. No necesitas filtrar la información, es importante en este caso cuestionar si no le cuento por miedo a asumir esa situación o por miedo a él como profesional. En los dos casos esto debe abordarse y no dejarlo pasar. 
  • “No estoy de acuerdo con su forma de intervenir, no siento avance”. Recuerda que el fin de toda terapia es el bienestar, el tener herramientas que puedas utilizar a diario para sentirte mejor, si hay un estancamiento terapéutico es importante abordarlo, comunicarlo y ver qué opciones se plantean al respecto. 
  • “La psicóloga tiene comportamientos que me hacen sentir inseguro/a o incomodo/a”. El profesional no es tu amigo, si bien se genera un espacio de confianza, cordialidad y empatía, esto no puede traspasar el ámbito terapéutico, los límites deben estar claros. 
  • “El psicólogo no me explica qué estamos trabajando”. Cualquier conversación terapéutica tiene un trasfondo teórico, necesitas explicaciones y estás en el derecho de pedirlas.
  • “Me siento culpada, re victimizada, invalidada”. SAL DE AHÍ, la confrontación terapéutica existe, pero jamás es violenta.
Aceptar que necesitamos ayuda nunca es fácil, pero es necesario. Reconocernos como seres humanos con emociones, dilemas y situaciones de vulnerabilidad solo demuestran la gran capacidad de transformación. El miedo a lo desconocido o nos paraliza, o nos obliga a avanzar. No tienes por qué poder con todo, no tienes por qué pasar por esto solo/a. Busca ayuda.  Instagram @mari.psico_  Wpp: 301 6919171   
Referencias Estadística de Salud mental en Colombia- pandemia 2021 – DANE https://ascofapsi.org.co/pdf/Noticias/Estad%C3%ADstica%20de%20Salud%20mental%20en%20Colombia-%20pandemia%202021%20.pdf 
   

El placer de viajar una experiencia única

  Por: Paola Sierra Neira @soypaolasierra Piensen por un momento que van aterrizando en ese lugar que siempre habían soñado visitar. Solo de pensarlo les produjo algo en el cuerpo, ¿o no? A eso que sintieron, hoy lo llamaremos placer, porque eso es justamente lo que producen los viajes: ¡PLA-CER! Así, con mayúsculas.  Viajar es el rey o mejor, LA REINA de los placeres. Cuando estamos en ese mood podemos experimentar otras cosas que nos generan satisfacción, como comer, ir de fiesta, probar nuevas cosas, conocer gente y otras culturas, practicar algún deporte conocido o desconocido, caminar, estar todo un día en una piscina o en la playa con la única preocupación de que si no nos tomamos la cerveza rápido se va a calentar.  La verdad es que uno sin darse cuenta puede volverse adicto a viajar, ¿y cómo no?, si es que más allá de las fotos para Instagram, los kilos de más, las anécdotas para contar, los viajes nos dejan muchos beneficios para nuestro cuerpo y mente, además de hacernos muy felices. Solo por mencionar algunos: 
  • Reducen el estrés y la ansiedad
  • Ayudan a enfrentar miedos
  • Recargan
  • Nos abre la mente y nos permite ver las cosas de otras maneras
  • Aumenta nuestra creatividad
  • Fortalece la salud mental y emocional
Esto no lo digo yo, lo dice la ciencia, pero puedo dar garantía de ello. Créanme, yo he hecho grandes cambios y tomado decisiones personales muy importantes después de regresar de viaje.  Viajar, un sinónimo de felicidad Es claro que placer y felicidad no son lo mismo, pero si hablamos de viajes podemos decir que tanto la dopamina, conocida como el neurotransmisor del placer, y la serotonina, la hormona de la felicidad, se vuelven las mejores amigas.  Un estudio de la Escuela de Medicina Virginia Tech Carilion de Estados Unidos, publicado en la Revista Neurona en 2020, reveló que estas hormonas pueden ir de la mano, y tienen funciones muy amplias en el sistema nervioso humano, tanto así que el aumento de su actividad en el cuerpo es terapéutico.  Efectivamente eso es lo que ocurre en mi cuerpo porque cuando estoy pensando en viajes siento cómo todo mi ser se pinta de un lindo atardecer frente al mar… bueno ya me puse muy poética. Sigamos.  También me genera ese vacío en el estómago que sentimos cuando estamos enamorados. Y ese recuerdo que tenemos de niños que no dormíamos la noche anterior a un paseo del colegio o viaje familiar, no es un solo un recuerdo, es un estado de ánimo porque nunca cambia. Díganme si eso no es felicidad, porque para mí sí lo es, y mucho. Es más, soy de esa, no sé si generación, pero sí grupo poblacional que prefiere invertir en experiencias que en cosas materiales. Y creo que es un bicho que picó a muchos después de los meses que tuvimos de encierro a causa de la pandemia. Además, no es de gratis que los destinos turísticos estén llenos en semana santa, vacaciones escolares y laborales, o un puente festivo, todos estamos buscando el mismo plan. Así sea visitar a los abuelos en el pueblo, siempre buscamos la manera de irnos de paseo solos, con amigos o en familia. Si el cuerpo le pide viajes, ¡dele viajes! Esto que les voy a revelar no está soportado por ningún estudio científico ni entidad autorizada, pero sí ha sido un testimonio muy recurrente en las personas que he conocido en los viajes.  “No puedo esperar más, ahora sí quiero conocer, viajar y darme esa oportunidad de probar cosas nuevas, vivir experiencias que usualmente no encuentro en mi entorno”.  ¡Qué maravilla! Amo escuchar eso porque así como me genera placer estar con una maleta al hombro, también lo siento cuando una persona se anima a hacer lo mismo.  Ahora sí viene la cifra oficial que soporta mi revelación: la reactivación del turismo creció más rápido de lo esperado. Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo entre 2020 y 2021 hubo más de 10 millones de pasajeros adicionales viajando por las regiones, y el volumen de turistas extranjeros aumentó cuatro veces los dos primeros meses del 2022.  Estoy casi segura (puedo estar equivocada) que entre esos nuevos 10 millones de pasajeros un gran porcentaje son los del testimonio que les conté y de los que aprovechamos el teletrabajo para empacar lo básico y salir a explorar.  Sin lugar a dudas viajar nos marca y es uno de los más grandes placeres de la vida, es terapéutico, ¡se los juro!  Si quieren celebrar, viajen; si están entusados, viajen; si están cansados de la monotonía, viajen; si se sienten tristes, viajen; si quieren conocer amigos, viajen; si quieren encontrar el amor de su vida, viajen (bueno, este tal vez no se los aseguro tanto). No olviden que viajar es la REINA de los placeres.  Momentos en el viaje que dan máximo placer  Ya les hablé de lo delicioso que es viajar, lejos, cerca, fuera del país… En fin. Ya para cerrar quiero compartirles esos momentos de un viaje en los que la dopamina del cuerpo está trabajando fuertemente:      Cuando… 
  • Ya se tiene elegido el destino y se imaginan en el lugar.
  • Se compra el vuelo y llega el tiquete al correo. 
  • Despega el avión o arranca el bus.
  • Empiezan a probar los platos y sabores del sitio.
  • Recorrer los lugares. 
  • Estar justo en el lugar que anhela conocer (recuerdo cuando vi la ciudadela de Machu Picchu en Perú y los cerros de Mavacure en Guainía).
  • Si es playa, cuando piden la primera cerveza fría y se sientan a mirar el mar.
  • Les duelen los pies de tanto caminar. Sí es raro, pero es un dolor placentero. Como cuando uno se tatúa. 
Podría quedarme mencionando un montón, pero ya debo irme a planear mi próximo viaje, que a todas estás, voy a sellar pasaporte: ¡Qué vaina tan placentera!.

Anotaciones sobre lo que se aprende poniendo música en fiestas

Una fiesta es como un ser vivo, que reúne material proveniente de todos los elementos que la conforman. Si uno ha pasado suficiente tiempo en las fiestas empieza a creer en “la energía”, sin necesidad de unirse a un culto o abrazar las creencias de la Nueva Era. Por Santiago Rivas

Sobre la Libertad, las aves y twitter como un nuevo cielo. ¿Somos seres libres?

La amplitud de la Libertad como concepto, ha hecho que a lo largo de la historia las discusiones teóricas permanezcan inalcanzables y encerradas en su complejidad. Es ahí cuando las redes se convierten en un nuevo escenario de conquista que simulan el libre ejercicio de la opinión que es, a la vez, la razón de las nuevas condenas.

 por: María Cuestas

Guía para estar y sentirse a salvo

Mi intención no es entrar a decirles cómo deben vivir la vida, allá ustedes y lo que hagan, esto simplemente es un desglose de situaciones y escenarios que alguna vez pasaron factura y dejaron grandes enseñanzas para enfrentar el resto de años venideros. Es algo así como esos consejos que nadie pidió pero que a mí me gustaría dar porque sí. Porque me cae bien el o la que sea que esté leyendo este texto. Empecemos. Por: Diego Dueñas

El lujo de andar distraído: ¿por qué Colombia es un país inseguro?

Nada se puede dejar solo. A nivel nacional, el 40% de la ciudadanía colombiana percibe que este es un país inseguro. En Bogotá, la cifra llega al 88%. Robos, feminicidios, violaciones, paros, paros armados y una seguridad que nunca se hizo democrática, sino falsa y positiva, nos mantienen en alerta, sin dejarnos andar por el mundo como si no importara. Por: Nicolás Samper Serrano

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